A mí me encantaba la fotografía, en mis tiempos mozos (como dicen en mi pueblo) no había nada que me gustara más que perderme por el monte con mi perra Lulú y mi cámara de fotos réflex, gastaba carretes y carretes en blanco y negro, me pasaba horas y horas revelando entre cubetas, líquidos, papeles y pinzas de la ropa,  pero un día eso se acabó, y todos mis cachivaches fotográficos fueron a parar a una estantería en el  trastero y mi cámara réflex al fondo de un cajón.

Todo empezó (tranquilos, que no es tan largo como parece) cuando yo quería estudiar Bachillerato de Artes en la “Escuela de Artes” de Murcia, pero llegué tarde a presentar la solicitud de admisión y de repente me encontré con un año por delante en el que no tenía nada que hacer, lo que no significaba que fuera a estar sin hacer nada (eso no va conmigo). Busqué trabajo, cuando todavía era fácil encontrar trabajo de cualquier cosa, y encontré uno en un almacén de frutas.

Pero no quería aparcar los estudios del todo, para no perder el famoso “ritmo”, así que busqué cursos o algo para estudiar que me gustara y tropecé con un curso de fotografía…interesante pensé,  a mí siempre me había llamado la atención la fotografía,  y tenía delante la oportunidad de conocer un poco mejor ese mundo, de intentar dominar esas cámaras con montones de botones y ruletas, de saber captar de la mejor manera posible cualquier momento para la eternidad…y eso parecía muy tentador, ¿no os parece?. Las clases eran los viernes por la tarde durante un curso lectivo, el precio no era problema, había encontrado un trabajo y lo podía pagar, por otra parte hablé con la empresa por el hecho de que tenía que faltar al trabajo los viernes y me dijeron que no había inconveniente ya que las lechugas y los apios estarían  allí para cuando yo volviera, así que me matriculé.

El curso fue muy bien, éramos ocho alumnas y nuestro profesor Antolín, fotógrafo profesional,  hacia las clases muy amenas y nos enseñó muchas cosas. Para empezar nosotras mismas nos teníamos que hacer y revelar los carretes, comprábamos la película por metros y para prepararlos nos metíamos en un cuarto totalmente a oscuras con las tijeras, el celo y los cubiletes que necesitáramos, ¿la medida? pues los brazos extendidos, por ahí era por dónde había que cortar, luego los enrollábamos con mucho cuidado de no poner ningún dedo en la película para que luego en la foto no saliera nuestra huella dactilar y así nos salían nuestros carretes de 28, 30, 32 fotos…¡qué más daba!.

Estos carretes  los revelábamos nosotras mismas también, había que meterse otra vez en un cuarto a oscuras totalmente, sacar la película del cubilete y meterla en el cilindro de revelado, una vez que ya estaba este cilindro cerrado ya podías encender la luz e introducirle todos los líquidos reveladores dentro. También aprendimos a revelar fotos en blanco y negro, en el cuarto con luz roja y con las 3 cubetas con los líquidos tal y como seguro que alguna vez lo habéis visto en las películas.

Además de enseñarnos todos estos procesos aprendimos mucho de fotografía (que era de lo que se trataba), cómo usar la cámara réflex, que era el diafragma, el obturador, la velocidad, el ISO, etc. Hicimos fotografía de estudio, de autor, de moda, de naturaleza, en la ciudad, retratos, paisajes; en resumen, abarcamos prácticamente todos los campos de la fotografía y consiguió, por lo menos en mi caso, enseñarme a querer a la cámara, a llevarla siempre encima y a que fuera casi una extensión de mí.

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Terminé el curso de fotografía y al año siguiente sí que conseguí entrar en la Escuela de Artes, por fin estaba cursando los estudios que tanto quería, la fotografía siguió siendo una parte importante de mi vida, pero poco a poco la relación se fue enfriando, me presenté a varios concursos, no gané ninguno, y parecía que la cámara empezaba a convertirse en mi enemiga, y que no me salía ninguna foto bien (tened en cuenta que todo esto fue antes de la fotografía digital, por lo que no veías el resultado hasta que no  revelabas el carrete, no es como ahora que si ves que no te ha salido bien, pues haces otra y otra y otra hasta que te gusta alguna).Pensé  que perdía el tiempo y el dinero, creía que no valía para hacer fotos y como siempre que pienso que no valgo para algo, pues lo dejé, en lugar de luchar o de seguir practicando…sí,  lo dejé. Metí mi cámara réflex en un cajón, empaqueté todos mis artilugios de revelado en una caja y los guardé en el trastero.

Con la llegada de las cámaras digitales a mi vida ya hasta me olvidé de en qué cajón estaba la cámara, era todo tan fácil, lo hacía todo por ti y tan bien, solo tenías que mirar la pantallita a ver qué tal había salido y ya está, oh Dios mío, eso era el paraíso, no te tenías que preocupar del diafragma, del obturador ni de nada.

Pero…toda historia tiene un pero, conocí a mi marido y él tenía una cámara réflex digital que la podías poner en modo semi-automático o en modo manual. Alguna que otra vez, en momentos de debilidad le pregunté –“oye ¿Cómo se cambia aquí el diafragma? ¿y el obturador, cómo se regula?”- pero no lo sabía, nunca lo había usado así, siempre la llevaba en modo automático y las instrucciones como buen ciudadano español ni se las había leído, de hecho…¿qué son las instrucciones?.

Así que cuando salíamos de viaje, o íbamos a algún sitio y nos llevábamos la cámara, la ruleta me miraba a mí, yo miraba la ruleta …ésta siempre en modo automático y ahí quedaba la cosa, muchas veces pensaba ¿Y si la giro? ¿y si pruebo a…? pero enseguida pensaba ¿para qué? si no se me da bien, si soy una fotógrafa horrorosa, si no valgo para esto, y la ruleta me seguía mirando y yo mirando  la ruleta y todo seguía igual.

Por otra parte, en una ciudad pequeña como la mía, a diario tienes que luchar con otro hándicap…imaginad que voy por la calle con mi cámara y veo un escarabajo precioso y pienso –“¡guau, voy a hacerle una foto!”- Saco la cámara, las réflex de por sí son aparatosas, y empiezo a ver desde donde le voy a hacer la foto, hago una desde aquí, otra desde allí, con el escarabajo en el centro de la imagen, otra foto con el escarabajo a la derecha, a la izquierda, cuando se cruza con otro escarabajo…y ya empiezas a notar una mirada penetrante a tus espaldas, te giras y ves la típica persona que no es de este planeta y por lo tanto no ha visto nunca a nadie hacer fotos, y menos a un escarabajo. Bueno, pues sigo probando encuadres, ahora enfoco el escarabajo y desenfoco el fondo y viceversa, veo desde que lado tiene más luz, me tiro al suelo para hacer una foto a su altura…que así quedan fotos muy chulas, y ya notas que el cogote empieza como a echarte humo y es que la persona de antes ya te mira como si fueras un alienígena con chanclas, total que al final te cansas, mandas al escarabajo a la porra, guardas la cámara y sigues caminado, y esto aquí es así siempre, y no es porque sea Murcia, supongo que pasará igual en todos los sitios pequeños, más que nada porque en ciudades grandes como Madrid o Barcelona, la gente ve a diario de todo o no se fija en nada, y eso aquí no pasa…y yo con esas miradas, lo siento, pero no puedo…siempre consiguen que siga mi camino y que piense…bueno ya la editaré en casa a ver que sale.

Con todos estos antecedentes que os he contado seguía yo feliz con mi vida, con mi ruleta en modo  automático, pasando tres pueblos de los escarabajos y de esto que ya sabéis que la vida da vueltas, y más vueltas y un día decido empezar a escribir un blog y otro día decido apuntarme  a un curso sobre blogs que he visto en internet que tiene buena pinta y que se llama Hello blogging de Hello! Creatividad. Y ese curso tiene un módulo sobre fotografía que imparte Begoña del maravilloso blog «Tea on the moon», que es bonito a rabiar y hace unas fotos que no son de este mundo. Empiezo a ver de nuevo cosas de diafragmas, obturadores, modos manuales, el triangulo mágico, el encuadre, la luz, la mirada…y pienso -¿¿¿pero es que una ruleta va a poder conmigo??? ¿y qué si soy mala haciendo fotos? ¿acaso no puedo seguir aprendiendo, practicando?. !!Demonios, tengo que hacer fotos para mi blog y las voy a hacer lo mejor posible, claro que sí!! ¡¡ Soy un alienígena con chanclas, y qué???!!

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A mí me gusta mucho aprender y mejorar, por eso me gusta hacer cursos,  pero algunas veces estos no son buenos por lo que aprendes, y que conste que en este estoy aprendiendo un montón, si no por lo que te remueven por dentro, por lo que te hacen pensar, o lo que te hacen hacer.

A mí este curso me ha hecho  girar la ruleta, volver al modo manual, volver a salir con mi cámara a todas partes y volver a plantearme el hecho de pasarme dos horas haciéndole fotos a un escarabajo hasta que consiga “la foto”.

Me ha hecho volver a abrir el cajón y mirar a mi cámara con nostalgia y no con odio y darme cuenta de que este periodo ha sido un paréntesis, una historia de amor  interrumpida, pero a partir de ahora y al estilo  Scarlett O’Hara –“¡A Hello Creatividad pongo por testigo!”- de que (cámara réflex en modo manual) prometo serte fiel en la prosperidad y en la adversidad, en la salud y en la enfermedad, y así amarte y respetarte todos los días de mi vida hasta que la muerte o los teléfonos móviles e Instagram nos separen.

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NOTA: Para esos momentos  de miradas inquisitivas por parte del vecindario estoy pensando hacerme una camiseta…si, una camiseta…Superman también necesitaba su traje para tener superpoderes  ¿por qué no me puede funcionar a mí?, con un texto en la espalda que ponga:

“¿Nunca has visto a nadie hacer una foto?

Soy consciente de que le he hecho 15 fotos a lo mismo, sé contar.

Hago esto porque es mi hobbie, ¿Tú no tienes hobbies?

Pues deberías buscarte uno y dejar de mirarme como si fuera un alienígena con chanclas”.

¿Qué os parece? ?Alguna sugerencia más para la camiseta?

¿Y tú, has tenido una historia de amor como la mía?