¡Hola!, Casi sin darnos cuenta se nos ha ido otro mes, y es que parece que cuando se acercan las vacaciones todo va más rápido, ¿verdad?. Pero vamos a sentarnos y a pedirnos esa copa que el calor aprieta y hoy, además de contarte cosas, me he traído hasta fotos para enseñarte.

En nuestro anterior Gin-Post te contaba que en este mes, que está apunto de acabar, el blog iba a ser temático en torno a Grecia y todo porque en junio de hace tres años mi marido y yo estuvimos allí de luna de miel  y fue un viaje absolutamente inolvidable. Ahora, desde mi pequeña ventana al mundo que es este blog, me apetecia agradecer de alguna manera toda la hospitalidad que recibimos y ese ha sido el motivo de dedicarles todos los post. Y que mejor manera de “casi” acabar el mes temático (aún queda un post) que contándote nuestro maravilloso viaje, por eso me he traído fotos, porque siempre, una imagen vale más que mil palabras, y por mucho que yo te hable del azul del mar en Grecia, siempre será mejor verlo, ¿no?, pues venga, ya tienes la copa?, si? Ok, entonces empiezo:

Mis ganas de visitar Grecia empezaron el último año de instituto, tuve una profesora de Historia del Arte que te hacia vivir y sentir el arte. Cuando apagaba las luces de clase para poner diapositivas empezaba a hablar y si cerrabas los ojos te podías imaginar construyendo pirámides, pintando el Guernica con Picasso o entrando al Partenón con Fidias. Ella tenía esa magia y me transmitió las ganas de seguir aprendiendo todas esas cosas, así que en la universidad me matriculé en  Historia del Arte para seguir sumergiéndome en civilizaciones, construcciones y pinturas. Pero Grecia, siempre era algo por encima de todo lo demás. A esto ayudó que una de mis compañeras de piso el primer año de carrera fuera griega, mi querida Karolina ( ya te hablé de ella y de una de sus frases aquí), que me contaba cosas y cosas de su país, de lo bonita que era la Acrópolis, de la comida, de su gente, de los bailes típicos, etc. que no hizo más que acrecentar mis ganas de visitarla.

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Pero, por un motivo o por otro, nunca era un buen momento para ir. Ni siquiera cuando ella vivía y me decía que me esperaba sino ese verano al siguiente, porque éramos jóvenes y teníamos todos los veranos por delante, o eso nos creíamos nosotras. Hasta que un invierno recibí una llamada telefónica, de esas que te hielan la sangre, de esas que se te cae el auricular al suelo, de esas que te gustaría no haber recibido nunca. Ella hacía una semana que se había ido, con 26 años, con solo 26 años. Y yo, que era su pequeña Marielou, me quedé sin ella.

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Estuve enfadada con la vida mucho tiempo, hasta que un día pensé en las posibilidades que habríamos tenido de conocernos…ella en Larisa, yo en Murcia, miles de kilómetros de por medio, millones de personas, universidades, pisos de estudiantes y sin embargo, coincidimos, y fue ahí cuando empecé a darle gracias a la vida por haberme dado esa oportunidad, la oportunidad de haberla conocido, porque sin duda, mi vida sería muy diferente si eso no hubiera ocurrido.

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Desde ese día, supe con más fuerza que nunca, que tenía que ir a Grecia, que tenía que ir a “verla” y llevarle flores y agradecerle todo eso. Era mi cuarta misión en la vida; plantar un árbol, tener un hijo, escribir un libro y llevarle flores a Karolina. Así que cuando mi, por aquel entonces futuro, marido y yo estábamos pensando a donde ir de viaje de novios y  él me propuso ir a Grecia (porque sabía que yo tenía y quería ir) pensé que entonces si, que ese iba a ser el momento. Me pareció una muy buena idea claro, yo siempre había querido ir, y más ahora que tenía una “misión”, así que me propuse organizar un viaje que fuera realmente la pera. Lo que tenía claro era que iba a tener dos partes, una primera parte de luna de miel, que para eso era nuestro viaje de novios, y una segunda parte de “misión”, o sea, llevar esas flores.

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La parte de luna de miel transcurrió casi todo el tiempo en la isla de Creta, una pequeña gran Isla que, desgraciadamente, no nos dio tiempo de ver entera. Realmente es una isla para descubrirla, para alquilar un coche como hicimos nosotros y salir a la aventura con la única ayuda de una guía de viajes y un plano de carreteras. Lo que si puedo decir es que la disfrutamos plenamente, cada paisaje, cada playa, cada comida, cada museo, palacio u obra de arte, es un lugar donde se saborea todo. Y puede que parezca un tópico, pero no lo es, lo mejor de Grecia son los griegos. Son amables, simpáticos, risueños, entrañables, abiertos, educados y mil adjetivos más. Además muy preocupados con su situación actual y también por cómo se habla de ellos en otros países.

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Tengo que hacer una mención especial a un pueblito que conocimos gracias a la recomendación de un camarero de un bar en Heraklion, que por cierto se lo pasó pipa con nosotros y con nuestro libro de “frases hechas en griego”, y es Mohlos. Es un pueblo pequeño, realmente pequeño, dónde apenas llegan turistas, y tiene el encanto de esos pueblos pesqueros de toda la vida, de esos por los que parece que no pasa el tiempo. Fuimos dos días y nos quedamos con ganas de más, y eso que no había nada que ver. Pero si, nos quedamos con ganas de ir más veces a comer a la taberna “Ta Kochilia” y poder hablar con el dueño y su sobrino; con ganas de ir mas veces a escuchar a la abuelita del acordeón, que nos contó que había estado durante 30 años ganándose la vida tocando el acordeón en Atenas y ahora se había ido allí a disfrutar de su jubilación frente al mar, y pasaba las tardes tocando su acordeón y dedicando canciones a todo el que pasaba frente a su puerta; y con ganas de ver más anocheceres sentados en los bancos del pueblo.

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Y quizá te preguntes…y si es un pueblo pequeño sin apenas turistas y nosotros no hablamos griego ¿Cómo nos enteramos de todas esas cosas?, pues te voy a contar una anécdota al respecto. Un día decidimos atravesar la isla para ir del norte (donde teníamos el hotel) al sur, y en lugar de hacerlo por la carretera fuimos por la montaña, por caminos de cabras (literal), cuando ya llevábamos un buen trecho y no veíamos mar por ninguna parte empezamos a preocuparnos, pero claro, estábamos en medio del campo, solo había cabras y lagartijas, de repente, a lo lejos vimos a  un abuelito con un rebaño de ovejas sentado debajo de un olivo, y mi marido exclamó -“¡Vamos a preguntarle a ese!”-, -“¿ a ese?”- dije yo -“¡Si es un abuelo con su rebaño en medio del campo…hablará griego antiguo si acaso!!!”-. Bien, pues el abuelo hablaba inglés perfecto, yo me quedé ojiplática, todos los años que me había pasado estudiando inglés y no hubiera podido mantener una conversación con él…increíble, creo que el 90% de la población habla inglés. El otro 10% lo conocí más adelante.

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Un día, desde Creta, hicimos una escapada en ferry hasta Santorini y es que esta isla es un lugar al que hay que ir al menos una vez en la vida, si o sí. Ahora bien, mi consejo, huye de las rutas turísticas, de las calles de tiendas de la ciudad de Fira, en las fotos se ve todo muy bonito, pero porque nunca suelen salir los 500 turistas que hay detrás tuya haciendo la misma foto que tú. Nosotros preguntamos a la dependienta de una tienda dónde podíamos ir para huir de todo eso y nos dijo que fuésemos al pueblo de Oia, a unos 15-20 minutos en coche, así que nos alquilamos una scooter y pusimos pies, ruedas y cascos en polvorosa huyendo de la marabunta de turistas, y vaya cambio…así que ya sabes, ahora tú también tienes algo que hacer en la vida, ir a Santorini.

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Después de nuestro día en Santorini volvimos a Creta a despedirnos de sus aguas turquesas para poner rumbo a la Grecia continental,  a mí aún me quedaba algo por hacer en este viaje.

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El lugar geográfico de la “misión” se encuentra situado al norte del país, casi en la frontera con Albania, en un pequeño pueblo de montaña. Cuando estaba planificando el viaje vi que de camino a ese destino se encontraban los Monasterios de Meteora o monasterios suspendidos en el aire, que son Patrimonio de la Humanidad por la Unesco desde el año 1988, así que fue la excusa perfecta para incluirlos en nuestro viaje.

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Por muchas fotos que puedas ver, o por mucho que yo te pueda decir  lo increíble que es aquello, no es nada comparado a la sensación que te produce estar allí y verlo. Es un paisaje que te deja sin palabras, es simplemente maravilloso.

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Después de pasar un día en Meteora y otro día en una ciudad llamada Grevená, había llegado el momento, el difícil momento. Llegamos al pueblito en la montaña, donde su prima Eleni me había dicho que descansaba Karolina. Yo llevaba una planta que me había costado horrores comprar, ya que el de la floristería pertenecía a ese 10% de la población que no dice ni pio en inglés. Pero lo logré, había ido hasta allí para eso.

Tengo fotos del pueblo, pero esas me las guardo para mí. Solo te diré que es un sitio terriblemente bonito, el sitio más bonito del mundo para descansar. Me acerqué sola. Y hablé con ella, le pedí perdón por una cosa y le di las gracias por muchas. Y lloré y mucho, por tener que estar hablándole a un montón de tierra, por no haber ido antes, por pensar que nunca era el momento, por pensar que 26 años no es una edad para irse, por pensar que íbamos a tener toda la vida por delante para vernos en mil ocasiones sin saber que la vida tenía otros planes para ella.

No fue un día bonito, pero tampoco fue triste, en  cierto modo me fui aliviada de allí, de ver el sitio tan bonito en el que estaba, de haber hecho lo que tenía que hacer y de haberle dicho lo que quería decirle. Hay cosas que no se pueden cambiar, ella no iba a volver, pero yo si podía ir.

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Nuestro viaje terminaba en Atenas, el lugar dónde han empezado tantas cosas era un buen sitio para acabar nuestro periplo griego. Atenas es una ciudad enorme, ruidosa, con muchos contrastes. Llena de turistas, mercadillos, restaurantes, monumentos y museos a la vuelta de cada esquina. Si vas a Atenas tienes que ir a la Acrópolis, es la parte más alta de la ciudad y donde estaban situados los principales templos de culto, entre ellos  el Partenón o templo dedicado a la diosa Palas Atenea. Para todo historiador del arte el Partenón es el templo perfecto por muchos motivos que yo no te voy a contar aquí, porque podríamos estar dos días hablando solo de eso, mejor que vayas, lo veas en directo y te lo imagines en su época de mayor esplendor.

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Y hasta aquí nuestro viaje y el porqué fue a Grecia. Espero que te haya gustado y que si no conoces el país te animes a ir, sinceramente te digo que es un sitio maravilloso. Nosotros nunca repetimos destino de vacaciones, con todos los lugares que hay en el mundo nos parece que desaprovechamos la ocasión de conocer sitios nuevos, pero si te digo que allí sí que pensamos volver y espero que no sea dentro de mucho.

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Ahora te toca a ti, ¿tu has ido a Grecia?, ¿te gustaría ir?, ¿volverías?, ¿Dónde fuiste en tu luna de miel?

¡Cuenta, cuenta!

viajar a Grecia

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NOTA: Antes de irnos del pueblito donde está Karolina, nos tropezamos con un matrimonio de mediana edad que se nos quedó mirando, lógico, allí si que no llegan los turistas, así que supongo que les extrañó nuestra presencia. La señora me miro y empezó a hablar conmigo en griego y me señalaba constantemente el cementerio, pero yo no la entendía y ella a mi tampoco. La pareja cogió su teléfono móvil y llamó a alguien, hablaron un rato y luego nos pasaron el teléfono a nosotros, era su hijo que hablaba inglés y que nos tradujo a sus padres, eran los tíos de Karolina y, aunque no me habían visto en el cementerio se imaginaron que había ido allí por eso, nosotros le confirmamos su presentimiento y les dijimos que habíamos venido desde España a traerle unas flores. Insistieron en invitarnos a café y a unos dulces y aceptamos. Imagínate la situación, ya sin su hijo al teléfono traduciendo y los cuatro sentados a la mesa tomando café. Yo saqué mi libro de frases hechas en griego y les pude decir varias cosas, que era un país muy bonito, que la gente era muy simpática o que el café estaba muy bueno, entre otras cosas. Cuando ya nos despedíamos y les estábamos dando las gracias por el café, la señora cogió una abeja decorativa que tenia en el jardín y me la regaló. Yo me la traje de vuelta a casa como oro en paño y ahora la tengo en la terraza en un rincón bien bonito. La última empresa donde trabajo Karolina se llamaba Bee (abeja en inglés), y el logotipo era una abeja muy simpática, supongo que será casualidad pero a mi me gusta pensar que no lo es, para mí que fue un -“te he visto, ¡gracias por las flores!”. Si, supongo que será casualidad, pero de ilusiones también se vive…¿no?.

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