Este es nuestro primer Gin-Post desde antes de verano y hoy, aviso, vengo reflexiva. Solo es uno de esos pensamientos que te asalta de vez en cuando, seguro que a ti también te habrá pasado alguna que otra vez, con cualquier tema o al ver cualquier cosa, así que vamos a pedirnos esa copa y te cuento que si, que hay mañanas que una se levanta filosófica y eso me pasó hace poco, cuando estaba en casa preparándome unas tostadas con mantequilla y mermelada.

Tocaba abrir tarrina de mantequilla, ya había terminado con la anterior, así que cogí una sin empezar, quité la tapa de plástico, después la tapa protectora de aluminio en su totalidad y me acordé de mi madre, de los desayunos en la cocina antes de irnos al cole y de como nos decía siempre que la tapa de aluminio no se debía de quitar entera porque se estropeaba la mantequilla.

Siempre teníamos que estar haciendo peripecias con el cuchillo para meterlo por ese hueco, de apenas un centímetro de diámetro que mi madre nos dejaba libre, para sacar algo de mantequilla sin romper el protector de aluminio, porque si se rompía o se abría más de lo estrictamente necesario, la mantequilla se pondría mala, habría que tirar la tarrina y eso de tirar comida era pecado mortal. Sólo podías ir levantando esa tapa a medida que se iba gastando la mantequilla y solo estaba permitido quitarla por completo el día que ibas a terminar la tarrina.

Así que esa mañana filosófica que te cuento, cuando nada más empezar la tarrina quité toda la tapa y pasé el cuchillo de una punta a otra de la tarrina cual fantástico y apetecible anuncio de desayuno, no pude evitar sentir como un triunfo agridulce. Es esa sensación de tener tu propia vida, tu independencia y hacer lo que te venga en gana con la mantequilla, o con lo que sea, pero al mismo tiempo pensé que, quizá no le estaba dando a las cosas el valor que tienen.

Y entonces también me acordé del sofá,  recordé cuando fuimos la familia entera a comprar uno para la sala de estar (porque el del salón no se podía usar), estuvimos un buen rato eligiendo modelo porque tenia que ser cómodo pero también tener un tapizado que fuera sufrido, – ya sabe usted, con dos niños pequeños- , y resultó que cuando lo trajeron a casa, mi madre ya le había comprado una funda para que no se estropeara el tapizado, y después compró otra funda para que no se estropeara la funda y en verano, si dormías la siesta en el sofá, tenias que poner una sabana vieja o una toalla para que no se estropeara la funda, de la funda del sofá. Y ni yo ni mi hermano entendíamos porqué había que usar tanta funda, ni porque habíamos estado dos horas eligiendo un tapizado que quedó sepultado por siempre jamás y que no iba a volver a ver la luz del sol en toda su existencia.

Creo que, mis padres en su infancia, hubieran sido capaces de vender su alma al diablo a cambio de una tarrina de mantequilla o a cambio de tener un sofá. Nacidos en época de guerra, crecidos en la posguerra y de familias humildes, tenían un panorama de desayuno muy diferente al mío, si acaso un chusco de pan duro y una casa “amueblada” con muebles espartanos y estrictamente necesarios, básicamente sillas, mesa y cama. No había televisión, ni sofá, ni mesita de café, ni cojines a juego con cortinas…y creo que, ni siquiera cortinas.

Por eso puedo ahora entender que, cuando mis padres pudieron permitirse comprar un sofá nuevo lo protegieran con mil fundas, o que cuando podían comprar tarrinas de mantequilla no quisieran que se estropearan, porque valoran las cosas ya que antes no las podían ni imaginar y entonces pienso ¿será que yo no valoro las cosas? ¿por qué odio las fundas de sofá? ¿por qué no las uso aunque tengo un niño pequeño? ¿por qué me da igual quitar la tapa entera de la mantequilla?, es más, ¿porqué disfruto haciéndolo?.

Debe ser porque siempre he tenido una tarrina de mantequilla en el frigorífico o un sofá donde sentarme y simplemente he pensado en disfrutarlo. Yo le doy más valor a disfrutar las cosas que a las cosas en sí y eso ¿en qué me convierte frente a mis padres? ¿soy mejor o peor persona? ¿soy más superficial?.

Vamos a pedirnos otra copa y ahora me cuentas tú qué opinas, ¿es mejor valorar y cuidar las cosas? o ¿disfrutarlas, vivirlas y exprimirlas al máximo? ¿te ha pasado a ti algo parecido con tus padres?

gin post

¡Cuéntame!

…y que disfrutes y valores el fin de semana!

gin post